Verdades y mentiras sobre las personas agresivas

Publicado el martes, 02 de enero de 2018, por Sije

J. es una persona de mediana edad que acude a consulta porque después de muchos años con problemas de todo tipo cree que se le están escapando las riendas de su vida. En el paro, sin dinero y viviendo en una pensión que a duras penas puede pagar, siente que ha tocado fondo.
Se define así misma como una persona : “ impulsiva, con mucho carácter y con las ideas muy claras” .No soporta la gente que no entiende las cosas a la primera, los que comen palomitas en el cine, que le hablen mientras está leyendo, los niños maleducados que se levantan de la mesa, la gente que habla en voz alta, la impuntualidad, las fiestas navideñas, la gente que compra sin criterio, las manifestaciones públicas de cariño, los que se quejan pero no hacen nada, el sentimentalismo, los indecisos……….. y así hasta un larguísimo etc. Piensa que nadie se ha molestado en conocerla de verdad “porque doy una imagen que no se corresponde con la realidad. Me ven dura y fría pero en el fondo soy muy sensible”.
A lo largo de su vida ha tenido muchos trabajos pero en ninguno de ellos ha durado más de dos o tres años. En la mayoría de los casos, y a pesar de ser una persona responsable y trabajadora, la han despedido alegando malas relaciones con sus compañeros y/o con su jefe. Ella reconoce que no es una persona fácil. Discute más de la cuenta y a veces pierde el control diciendo cosas que no debería, pero justifica su comportamiento apelando a su sentido de la responsabilidad: “ No pude tolerar que mi compañera hablase por el móvil mientras trabajaba y discutí con ella delante del cliente”.
Las relaciones con la familia han sido y siguen siendo , muy complicadas. Su padre era una persona siempre ausente por motivos de trabajo y los fines de semana que pasaba en casa “los dedicaba a beber y montar broncas.” Fue especialmente restrictivo y controlador con su hermana y con ella., a las que no permitía llegar más tarde de las ocho ni salir con chicos porque “son unos sinvergüenzas que os van a llevar por el mal camino”. Con su hermano, sin embargo, era mucho más tolerante y le consentía casi todo. Su madre era una persona débil e insegura que vivía atemorizada por el mal carácter y los estallidos agresivos de su marido: “Cuando no estaba mi padre era otra persona, alegre, cariñosa, pero cuando llegaba él, se volvía invisible. Nunca nos defendió y eso no se lo perdono.”
Recién cumplidos los 18 años se marchó de casa y comenzó una andadura que no fue ni mucho menos tan fácil ni positiva como esperaba. Su mochila estaba llena de insultos, malos tratos, rabia, desprecios, falta de valoración y pocas habilidades para enfrentarse al mudo.
Esta historia es, esencialmente, la de muchas personas adultas que se relacionan de forma agresiva con su entorno. Personas inadaptadas que hacen de su comportamiento un escudo protector frente a todos los ataques que esperan seguir recibiendo tal y como sucedió durante su infancia y juventud.
Las personas agresivas, siempre polémicas, suscitan en su entorno opiniones encontradas. Unos les consideran víctimas, y otros verdugos. Hay quien les ve fuertes y ambiciosos y otros sin embargo creen que son fanfarrones y arrogantes. ¿ Qué hay de cierto en todo ello?. A continuación vamos a tratar de desmontar algunas falsas creencias a cerca de la personalidad agresiva, aportando además algunas “verdades” que sí definen e identifican a este tipo de perfil.

FALSA CREENCIAS

× El agresivo consigue siempre lo que quiere
A corto plazo es cierto que sus estrategias le permiten conseguir algunos de sus objetivos, sobre todo frente a personas con un perfil sumiso de las que se aprovecha para su propio beneficio. Pero a largo plazo son personas infelices e inadaptadas que no logran su mayor y más ansiado objetivo: la valoración y el reconocimiento de los demás.

× El agresivo es una persona segura de sí misma .
La realidad es que, aunque lo disimula muy bien, el agresivo es una persona llena de miedos, dudas, carencias y limitaciones que trata de ocultar bajo una máscara dominante y avasalladora. Sus creencias aparentemente sólidas y sus comportamientos aparentemente seguros son un mero disfraz, para ocultar todo aquello de lo que no se sienten satisfechos o de lo que carecen.

× La gente, en general, les respeta
El agresivo no suscita respeto en su entorno, más bien al contrario. A medida que le van conociendo y conviviendo con él/ella los sentimientos y reacciones que provoca suelen ser de dos tipos: vasallaje y adhesión incondicional consecuencia del miedo a sus enfados y salidas de tono, o rechazo y evitación de cualquier tipo de relación salvo la estrictamente necesaria (en el ámbito profesional).

× No cambia porque no quiere hacerlo. Le va muy bien así.
El agresivo no cambia por dos razones :
1. Cree que son los demás los que tienen el problema y por lo tanto los que deben cambiar
2. Cuando quiere cambiar algunos comportamientos que reconoce son inadecuados, no sabe cómo hacerlo.
Estas dos posibilidades no son excluyentes y por regla general conviven juntas en la misma persona.

× Decide por voluntad propia ser agresivo como estrategia para conseguir lo que quiere.
La realidad es que no ha elegido ser agresivo. Sus patrones de comportamiento y sus rasgos de personalidad están íntimamente relacionados con su historia familiar. Ha aprendido a ser agresivo y esa es la única forma que conoce de relacionarse con el mundo.

ALGUNAS VERDADES

× Despliega su agresividad sobre todo frente a los más débiles e inseguros
El agresivo siempre se expresará de forma más contundente con aquellas personas que se lo permitan y a las que sabe puede intimidar. En realidad, lo que busca en su entorno son personas que le admiren y apoyen incondicionalmente sin cuestionarle ni rebatirle –algo que lleva especialmente mal- pero confunde con frecuencia temor con admiración.

× Carece de empatía. No sabe ponerse en el lugar del otro.
Las personas agresivas no son, ciertamente, expertas en comprender y atender los estados emocionales del otro. Este perfil está mucho más pendiente de sí mismo y de cubrir sus propias necesidades y carencias que de lo que otros puedan querer o sentir. La empatía y la inteligencia emocional no forman parte de sus habilidades sociales por ello pueden llegar a ser personas muy frías y excesivamente duras.

× Tienen problemas para expresar sus sentimientos
Para la persona agresiva expresar sentimientos, sobre todo si son negativos -tristeza, inseguridad, temor…- es un síntoma de debilidad que no se pueden permitir. En primer lugar porque cree que si lo hace, los demás se van a aprovechar de ello, y en segundo lugar porque va en contra de la imagen que quieren proyectar de personas fuertes y seguras se sí mismas.

× El objetivo más importante en sus relaciones sociales es la valoración y el reconocimiento
El agresivo tiene generalmente detrás una historia familiar de malos tratos psicológicos, abandono emocional, críticas frecuentes y desproporcionadas, control y rigidez excesiva, carencia de afecto y escasa valoración y reconocimiento. Con frecuencia los adultos agresivos han sido niños y jóvenes que no han aprendido a quererse ni a valorase por si mismos ya que nadie les ha enseñado a hacerlo. Por eso en su madurez buscan desesperadamente en los demás lo que no son capaces de proporcionarse por sí mismos.

× Es una persona controladora, rígida e intransigente
Todas ellas son características que definen la personalidad del agresivo. El afán de controlar y tener previsto todo lo que pueda suceder a su alrededor, la idea de que las cosas son y tienen que ser tal y como él las piensa y las entiende, y la absoluta intransigencia con los errores, limitaciones y debilidades de los demás, hacen de este perfil alguien con quien resulta muy difícil establecer una relación sana y respetuosa.

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